III MOVILIDAD: BRAKEL Y EL BOSQUE EN OTOÑO: 22-26/10/2012 (AÑO II COMENIUS)

 

 CAPÍTULO BOSQUE DE RAMAS, MOVILIDAD III

 

CAPÍTULO BOSQUE DE PIEDRAS, MOVILIDAD III

 

 

 LA NATURALEZA EN LAS LITERATURAS DE LOS SOCIOS

En Brakel todos los países presentamos un trabajo de investigación que realizaron meses antes nuestros alumnos. Se trataba de crear una presentación que recorriera la presencia de la naturaleza y el paisaje en las obras literarias rumanas, italianas, españolas y alemanas.

Aquí tenéis el resultado:

 

LITERATURA RUMANA

 

 

LITERATURA ESPAÑOLA

 

 

 

 

LITERATURA ALEMANA

 

 

 

 

 

 LITERATURA ITALIANA

Los alumnos de 1ºBACH de Aldaia, ES, realizaron estas greguerías en homenaje al bosque.

 

 

 Los profesores del IES Salvador Gadea han realizado esta presentación resumen de la III Movilida a Brakel. ¿Os gusta?

 

 

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REFLEXIONES DESDE ITALIA

Esta experiencia fue muy positiva, porque así hemos podido comparar las costumbres de otros tres países: Alemania, España y Rumanía, con las nuestras. Nunca había hecho una experiencia de vida parecida, tan “multilateral”. Si pudiera, la haría otra vez.

Irene Migliori

 

La visita al bosque fue extraordinaria. Los colores de los árboles en otoño son muy peculiares y cálidos. Los colores, las hojas y los olores a humedad te envuelven. Las vistas y los paisajes son preciosos. Aunque hacía bastante frío fue una visita muy bonita, para hacer una real inmersión en la naturaleza.

Mara Lambertini

 

Der Wald war so schön, aber ich habe keine Tiere gesehen!!! Die Bäume waren sehr farbig, mit den Farben des Herbstes: rot, gelb und orange!

[El bosque era tan hermoso, ¡pero no vi ningún animal! Los árboles eran de muchos colores, de los colores del otoño: ¡rojo, amarillo y naranja!]

Laura Marabini

 

La mejor excursión fue a Münster, una ciudad llena de bicicletas y de jóvenes. Es una ciudad llena de historia y de cosas para descubrir, con gente activa y simpática.

Mara Lambertini

 

Münster hat mir sehr gefallen, weil es sehr schön ist. Es sieht in einigen Aspekten wie Bologna aus.

[Münster me ha gustado mucho, porque es preciosa. Se parece en algunos aspectos a Bologna.]

Laura Marabini

 

El intercambio en Brakel me ha gustado mucho, he podido conocer a mucha gente nueva y he intentado hablar en inglés y en español con la familia y con mi correspondiente. He podido conocer las actividades escolares en Alemania, muy diferentes de las italianas, lo que hacen en el tiempo libre, los deportes que practican habitualmente.

Mara Lambertini

 

Ich hatte sehr viel Spaß!!! Alle waren sehr nett und die Sprachvielfältigkeit war kein Problem, weil wir uns gut verstanden haben […] Trotz der kurzen Erfahrung habe ich einige Freunde kennengelernt und ich hoffe, es wird in der Zukunft dauern!

[¡Me he divertido muchísimo! Todos han sido muy amables y las diferentes lenguas no han sido un problema porque nos hemos entendido muy bien […] Aunque ha sido una experiencia breve he encontrado a nuevos amigos, ¡y espero que nuestra amistad siga adelante!]

Laura Marabini

 

REFLEXIONES DESDE RUMANÍA

Iulia Dascalu

El bosque

A las 9 y media de la mañana dejamos Brakel para visitar el bosque. Sinceramente, yo pensaba solo en que iba a ser un paseo aburrido. Esto solo hasta que llegamos allí. La visita del bosque me ha impresionado muchísimo. Parecía infinito. Los árboles tan altos, con sus colores maravillosos, completaban un increíble cuadro otoñal.

Me han gustado mucho esos puentecillos dispersos por el bosque, y las caras de unas criaturas pintadas en los árboles. Tome tantas fotos que no tuve que contar a mis padres como salió todo.

El guía era una persona muy simpática. Nos contaba de una manera muy divertida que al instante nos cautivaba la atención.

En conclusión, puedo decir que fue un paseo maravilloso que me inspiró y que el bosque que visitamos se identifica con el de los poemas de nuestro gran poeta Mihai Eminescu.

Münster

Sólo al final del primer día me  enteré de que íbamos a visitar Münster. Yo no había oído muchas cosas de esta ciudad, pero estaba segura de que me iba a gustar. Después de aproximadamente 2 horas y media en autobús bajamos frente al Jardín Botánico. Lo visitamos como  durante una hora. Me quedé agradablemente sorprendida por las muchas especies de plantas.

Luego nos llevaron a nuestro guía (una mujer extraordinaria, y, probablemente, la mejor guía que he encontrado hasta ahora). Nos presentó la historia de la ciudad de una forma muy particular, como un cuento. ¿La verdad? Yo no creo que haya estado en otro  lugar donde me hubiese sentido mejor. Münster es una ciudad exactamente a mi gusto, especialmente por la arquitectura. Las catedrales de estilo gótico me fascinaron desde el principio. Los viejos edificios han conservado su aspecto con dignidad.

Me divertí mucho con mis  amigos, comiendo chocolate en un ambiente del otoñal, sacando fotos y charlando con la gente.

Pienso volver a Münster tan pronto como sea posible.

 

Alexandra Mircea

Münster

Aunque el decorado era uno de otoño, el Jardín Botánico de Munster me dio el sentimiento de frescura. Los invernaderos me hicieron sentirme como un personaje de Harry Potter que asistía a las clases de botánica. Creo que fue necesario un poco de magia para que las plantas tan diversas y los colores tan vivos hicieran el jardín tan bonito tan espectacular y maravilloso.

La excursión a Münster fue como una película corta, en la cual los estudiantes en bicicletas parecían actores de una película  musical, que silbaban sin preocupaciones, libres y alegras aunque el cielo estaba cubierto de nubes.

 Me transmitieron también este estado y he intentado  aprovechar al máximo la ocasión, de estar en su escenario, la maravillosa ciudad de Münster.

El bosque alemán

El bosque fue como un libro de cuentos, cada camino representaba otra historia. Por entre los árboles me he sentido como la Caperucita Roja, pero una que no le tenia miedo al lobo, una que disfrutaba del aire del bosque y reía junto a sus amigos. A continuación, las estatuas que representaban “las 3 sabias” representan el capitulo de leyendas.

A todos nos gustaron las setas rojas con manchas blancas, que nos recuerdan que no todas las cosas que tienen buena pinta son de verdad así.

El bosque era la definición de la estación “otoño”, la frescura, los árboles altos, las hojas coloreadas y el buen tiempo que tuvimos allí.

 

Cristian Cioflan

El Bosque Meerhof

El bosque ha sido siempre parte del ser humano, su representación en la naturaleza. Probablemente por eso cuando entramos en un bosque sentimos que ese es nuestro hogar, que allí es el lugar donde nacimos y donde tenemos que pasar nuestra vida, para morir finalmente debajo de un roble.

Cuando entre en el bosque mi alma se lleno del olor de las hojas mojadas, recién caídas, que crujían cuando las pisábamos. Todas formaban una alfombra mágica, que igual que la de Aladino, nos trasladaba en un mundo especial, donde podíamos olvidar nuestros problemas y admirar la belleza de la naturaleza. Paso a paso, nos adentrábamos en el magnifico bosque y nos alejábamos de la fealdad del mundo humano. El sonido del viento, soplando las hojas y después marchándose, era como el murmuro del novio, intentando convencer a su novia de que su amor es verdadero solo para conseguir un beso. Sentíamos el frío en los huesos, pero no era la frialdad de la muerte, sino el frío de la primera nevada.

Con todos sus colores, desde verde hasta marrón, que llaman suavemente tu atención, con todos sus sonidos, la voz de Dios en este mundo, y con sus movimientos, el bosque es una maravilla. Es la mejor parte de nuestro mundo…

Münster

Cuando piensas en Alemania, piensas en algunos estereotipos: el rigor, el nacionalismo, la ambición y, por supuesto, la cerveza. En mi opinión, Münster habla de todo esto y de mucho más.

Sus catedrales, una más maravillosa que otra, sugieren la preocupación de los alemanes por la vida espiritual, mucho mas importante que la vida física. La catedral sin campanario subraya que los ciudadanos intentan hacer todo perfectamente y, si esto no sale bien, entonces probablemente así tiene que ser. La mayoría de los edificios, destruidos en La Segunda Guerra Mundial, fueron reconstruidos, aunque costo demasiado, para mostrar que nadie puede vencer a los alemanes y que, si caen, se levantan inmediatamente. Las tiendas con dulces y cerveza son la respuesta del espíritu alemán frente a la globalización que uniformiza las culturas. Toda la gente pasa por las calles mirando siempre hacia adelante, pensando siempre en el futuro, pero no andan con prisa. ¡No! Ellos disfrutan del presente, porque allí todo pasa cuando tiene que pasar.

Por eso, en mi opinión, Münster es Alemania y Alemania es Münster.

 

Dragos Cristache

En el momento en que entré en el bosque me encontré en otro mundo, un mundo fantástico con paredes de hojas multicolores. Aunque gran parte de la ruta estaba asfaltada, no me sentía como dentro de un bosque artificial. La verdad es que los lugares ajardinados hacen el bosque un lugar único, diferente de los otros, porque no hay monotonía.

Los bosques constituyen seguramente, los ecosistemas terrestres más productivos. La importancia que tienen en la producción de oxígeno, conservación del suelo, la regulación del clima y el albergue de un sinnúmero de especies tanto de animales como de vegetales, hace de los bosques ecosistemas indispensables.

La ciudad de Münster

Plazas idílicas, vida urbana actual, oasis verdes. En Münster hay mucho por descubrir.  Münster es una ciudad abierta al mundo, con más de 1200 años de historia.

Entre las ciudades que visité, Münster ses una de las más bellas. Hay armonía entre los edificios. Parece que todos los edificios están relacionadas, todas tienen algo en común. Y otra cosa, a pesar de que es una gran ciudad, me pareció muy fácil caminar por las numerosas calles solo con una mapa. Era mi primera visita a la ciudad y creo que la organización de las calles me ayudó muchísimo.

 

 

 

 

 

Carolina Burriel "Vivencias en Alemania"

 COMENIUS: Viaje a Alemania, Carolina Burriel

 

El día 22 de Octubre de 2012 unas alumnas del Salvador Gadea y tres profes de este centro viajaron rumbo a Alemania para vivir experiencias inolvidables junto a otras personas de otros países.

A las 12 de la noche llagamos al aeropuerto de Paderborn, cuando estábamos recogiendo el equipaje vimos a las alemanas que estaban fuera que solo les separaba un maldito cristal de nosotras. Ellas llevaban un cartel en la mano que ponía “bienvenidas” chillaban sin parar, nosotras con toda la rapidez posible cogimos el equipaje y salimos a verlas. Entre muchísimos abrazos y saludos intuí que estos cuatro días los pasaríamos a lo grande, y así fue. El segundo día después de llegar estábamos muy cansadas ya que nos dormimos a las dos de la mañana y nos levantamos a las seis de la mañana. Cuando bajamos a desayunar ya nos tenían el desayuno en la mesa,el baso de leche, tostadas, mermelada, lo típico. Ese día fuimos a ver la “ciudad” de Brakel era el típico pueblo que sale en las películas con las casas y las chimeneas tirando humo sin parar, este paisaje me resulto muy natural y bonito. También fuimos a ver el ayuntamiento y nos hicieron una charla a manos del alcalde de Brakel. Cuando acabó la charla fuimos todos hacia el instituto a presentar los trabajos que habíamos hechos los alumnos de todos los centros. Me alegré mucho de que saliera nuetro video “La naturaleza en la literatura” fue un trabajo costoso pero muy productivo porque aprendí muchas cosas de la literatura que desconocía. El segundo día fuimos a ver el jardín Botánico, habían plantas que jamás las había visto yo, me sentía como una exploradora mirando atentamente las flores, hojas, esos colores de los árboles que te iluminan, pero sobretodo no paraba de hacer fotos a todo. El tiempo que estuvimos ahí fue muy corto ya que teníamos que ir a la ciudad de Muster.

Muster fue una ciudad de cuento por sus casas por la gente que vivía, las bicicletas que circulaban, era casi todo fantástico menos el clima que era muy triste. Lo que más me impactó fue cuando el guía que llevábamos nos contó que primero tenían preferencia las bicis después las personas que iban andando y finalmente los coches. Cuando llegamos a Brakel las alemanas nos llevaron a cenar a un bar que estaba muy bien, ahí empezamos a conocer más a los italianos, rumanos y alemanes.

Ese día acabé muy cansada ya que en todo el día no habíamos parado de andar y de ver cosas que por supuesto valían la pena. El día siguiente nos llevaron a ver el precioso bosque. Este bosque me recordaba a las postales de otoño de las revistas de moda, aquí me sentí libre, esa experiencia de respirar aire sin contaminación me llevo a estar unos segundos con los ojos cerrados sintiendo el olor a pino que había, fue indescriptible. Estar pisando hojas caídas de los árboles y pensar como si estuvieras en una nube de algodón puro, saltando sin parar. Esa experiencia jamás la olvidaré fue muy buena para mi porque te das cuenta de lo bonita que es la naturaleza para los humanos y lo poco que la cuidamos. Este día llegamos a las tres de la tarde a Brakel y nos fuimos cada uno a su casa porque por la noche era la fiesta de despedida. Esta noche cenamos con los padres de Nina fueron muy buenos con nosotros, todo el rato hablaban con nosotras y estaban atentos de todo lo que queríamos. A las nueve de la noche llegamos a la fiesta que habían organizado, estuvo muy bien porque compraron pizzas, pusieron música compraron bebida, también habían mesas y sillas para poder sentarse. Allí estuvimos hasta las doce y media de la noche ya que teníamos que madrugar para ir al aeropuerto. El último día fue muy triste ya que les tenemos mucho cariño, nos abrazamos la madre y yo y le dije que volveríamos a vernos, lo haré. Nina estaba muy triste, tenía los ojos vidriosos como si fuera a derramar unas lágrimas, lo hizo cuando mi hermana se acercó y le dio un abrazo se puso a llorar y eso nos contagio a nosotras porque teníamos como un nudo en la garganta de hacerlo. A medida que íbamos entrando al autobús ellas nos saludaban ese momento me vino a la cabeza cuando eramos pequeñas y los padres se esperaban hasta que te fueras con el autobús y después te saludaban sin parar. Al llegar al aeropuerto pensaba que esto casi ya había llegado a su fin, lo único que faltaba era el largo trayecto para llegar a nuestro destino Valencia.

Cuando llegué a mi Valencia querida me dieron ganas de gritar a los cuatro vientos de que aquí vivo yo y me encanta donde vivo. Hacía cinco días en los que no había visto el sol y eso era tristeza para mi. Por eso yo diría a la gente, que los intercambios sirven para conocer a gente, pasarlo bien, pero este viaje a mi me sirvió para valorar más lo que tengo y pensar que siempre te darás cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes.

 

 

 

Impresiones Virginia Cubel

Día 1, 22 Octubre

El día de la salida fue una gran locura. Se unieron los nervios previos al viaje, el estrés de las maletas y la eterna duda de “¿me estaré dejando algo?”. Eso por no hablar del examen que tenía durante la mañana. No sé el resto, pero yo fui de aquí para allá como una bala, a despedirme de unos y de otros, a recoger los últimos papeles, a hacer mi delicia de examen y a ultimar los regalos que iba a llevar. Le dije a mi madre lo mucho que me dolía la cabeza, debía ser por el ajetreo porque no estoy acostumbrada a tanto. Cuando llegué a casa, comí lo más rápido que pude, agarré las  dos enormes chaquetas que iban a acompañarme toda la semana, después el equipaje y así, como si nada, salí de casa hecha una cebolla. No hubiese sido tan extraño si Valencia no nos hubiese acompañado con unas maravillosas temperaturas de 20oC. Y con toda mi carga y calor nos encaminamos al aeropuerto, ¡y yo que pensaba que me iba a sobrar espacio! Al llegar, tarde, me acerqué al resto de alumnas, concretamente a mis amigas para esperar una larga y nerviosa cola para facturar. Al fin lo conseguimos, y nos dirigimos hacia el control donde nos hicieron dejar prácticamente todo y quitarnos los zapatos. Pasamos todos y entonces hicimos la primera y típica foto de grupo, todas perfectas, no recuerdo que ninguna se hubiese dejado pendiente un solo detalle. Comenzamos a caminar para embarcar y debido a que yo no había volado más que una vez me puse nerviosísima. Aguante como pude, entramos al avión y nos repartimos, cada una a su asiento. Creo que fui una de las menos afortunadas en el reparto, porque entre lo asustada que estaba y que Delia, mi compañera de fila no paraba de preguntarme si era o no peligroso volar, o si el avión podía caerse, o hundirse en el mar. Pero al final acabé convenciéndola yo a ella de que era un transporte muy seguro. Se me hizo larguísimo, pero cuando aterricé en Mallorca estaba  mucho más tranquila, merodeamos por el aeropuerto, lo investigamos de principio a fin, y antes de darnos cuenta estábamos de nuevo en el cielo. Me quejaba del anterior trayecto, pero no sé cómo fui capaz de aguantar el más largo. Al llegar a Paderborn todas nuestras parejas alemanas estaban esperando para recibirnos y yo estaba hecha un estropicio que casi no podía ni mantenerse en pie. Pero agradablemente, en cuestión de una hora estaba delante de una enorme casa con sabor a rural. ¡Con razón a Carla le parecía tan diminuta la mía! Me enseñó mi habitación y automáticamente me metí en la cama, con el abrigo y los vaqueros.


Día 2, 23 Octubre.


A las 6:30 am exactamente vino Carla a despertarme, simplemente para asegurarse si necesitaba algo, pero lo cierto era que, a parte de dormir no me hacía falta nada más. Por la cual cosa me mandó hacerlo y se fue al instituto. Unas horas después, cuando ya estaba despierta, llamaron a la puerta, alguien preguntó: “Can I pass?”. Aunque mi estado no era el mejor del mundo, acepté, y apareció un hombre con pinta de leñador, alto, fuerte, con barba, cara picuda, camisa a cuadros y mono vaquero. Traía una bandeja con una taza de té y una sonrisa enorme que, al parecer era permanente. Dejó las cosas encima de la mesa, se presentó como el padre de Carla y enseguida se marchó. La siguiente visita la hizo su esposa, Elizabeth, que traía consigo a su hija y a Liv. Y así fue pasando la mañana, todos tratándome como a una princesita, se portaron genial conmigo. Durante la tarde fuimos al ambulatorio, aunque más bien parecía una enorme casa antigua y lujosa por dentro, no tenía nada que ver con los centros de salud españoles. Me atendieron rápida y atentamente, pese a que no entendía nada de lo que la médico decía. Pronto regresamos a casa, cenamos, si es que yo podía considerar que esa minúscula cantidad de comida podía ser mi cena, claro, y vimos una película con Josefa, la hermana de Carla. Me quedé dormida y no serían ni las 7 de la tarde, así que cuando terminó la película no sabía si tendría fuerzas para subir dos pisos de escaleras. Ese era un problema que nunca había tenido en mi casa de Aldaia.


Día 3, 24 Octubre.


Se podría decir que el miércoles comenzó mi acción.
Cuando despertamos aún no había un solo rayo de sol, y eso me producía aún más sueño. Además, pensaba que lo más complicado sería levantarme, pero no. Lo más difícil de todo fue decidirme a quitarme el pijama, porque con el frío que hacía tenía miedo a congelarme. Así que me vestí con mis millones de capas térmicas y bajé a desayunar. Estaban todos en la mesa con un montón de comida: tostadas, mantequilla, jamón york, queso, huevos, etc. Y yo, acostumbrada a mi zumo matutino veía tantos alimentos como un asesinato a mi estómago, pero ante la atenta mirada de toda la familia, conseguí comer una tostada. Por lo visto les preocupaba lo “poco” que comía, pero también les hacía gracia lo diferente a ellos que era. Después de esta reunión familiar con luz artificial, fuimos hacia la escuela en el coche de la abuela de Carla. Me llevó por un camino que había en el bosque, era más largo, pero muchísimo más bonito que el otro. Tardamos casi media hora en llegar, y ahí es cuando comprendí por qué madrugábamos tanto. Al bajar del coche vi ante mí otro gran edificio, pero este más bien religioso, tenía delante el instituto en el que todas nuestras parejas alemanas estudiaban. Jamás lo hubiese imaginado tan grande y ostentoso. En lo que respecta a la fachada, poco tenía que ver con nuestro instituto, y los aparcamientos tampoco eran los mismo, allí debía estudiar mucha más gente. Además, la mayoría de los que acudían cada mañana allí y tenían la edad permitida, lo hacían en coche. Al entrar al edificio y caminar hacia la clase donde acabaríamos de ver las presentaciones del bosque, observé que aún era más grande de lo que parecía. Cuando acabamos con ellas, emprendimos camino a Munster y casi ni me enteré. Al bajar del autobús noté una espesa capa de niebla, o al menos a mí me lo parecía, y después el frío contrastado con el interior del vehículo. Frente a mí tenía el jardín botánico, el cual, nada más entrar me enamoró. Era un lugar impactante, grande, colorido, frío y cálido a la vez. Atraía con facilidad. Yo hubiese dedicado más tiempo a todas esas hojas rojas, castañas, verdes y amarillas chillonas, pero escaseaba. Lo recorrimos rápidamente e intentando no dejar un solo detalle. Vimos árboles enormes, un lago, unas letras heladas y forjadas en la tierra, un montón de plantas e incluso una ardilla. Después visitamos la zona universitaria de la ciudad, donde abundaban las bicicletas. Nos enseñaron una gran iglesia y el ayuntamiento, además de contarnos su historia y cómo sobrevivieron a la guerra (si es que lo hicieron). Poco después de mostrarnos una enorme catedral, bastante tétrica la verdad, que estaba situada en la zona adinerada de la ciudad, nos dejaron un tiempo libre para ir a comer. Nada más hacerlo, y casi sin pausa, cogimos el autobús y volvimos a Brakel, donde las chicas alemanas nos enseñaron una especie de pub-pizzeria en el que probamos unos zumos de frutas muy peculiares.


Día 4, 25 Octubre


Los días que empiezan bien, suelen acabar mejor aún.
El tercer día me levante con una fuerza increíble y con ganas de recorrerme de arriba abajo el bosque. Nada más llegar al instituto subimos al autobús, con un trayecto por delante de unas 2 horas aproximadamente, fue ahí cuando realmente comenzamos a hablar con los compañeros rumanos. Entablamos una agradable conversación cuando, al escuchar nuestra música, la cantaron. Pisamos el bosque animadamente, aunque con un frío más bien propio del Polo Norte, y comenzamos a andar. Mirara donde mirara veía cosas que me llamaban la atención, si hubiese sido por mí, habría fotografiado absolutamente todos los detalles del bosque. Y si no lo hice, me acerque mucho, desde las enormes alfombras de hojas rojas, amarillas y negras, hasta unos asientos hechos para enanitos. Pero si algo me gustó aún más, fue el rocío que cubría el bosque, era demasiado llamativo como para no admirarlo. Desde un primer momento, no pude evitar fijarme en lo altos que eran los árboles, y en el gran parecido que guardaban con más de una película fantástica y sobrenatural que había visto. Me sentía en medio de de la nada, apunto de ser devorada por algún hombre lobo. Pero como todas las buenas historias, acaban demasiado pronto. Duró menos de lo que hubiese querido, pero con el tiempo que ahorramos, pude probar una comida alemana en casa de Carla. Era un plato de col con mantequilla y algo que no recuerdo bien que, sorprendentemente me gustó. Esa misma tarde me concedieron el honor de visitar la granja y viajar en tractor hasta el pueblo donde se alojaba Thania. La recogimos, paseamos en él e incluso nos dejaron conducirlo un par de minutos. Al llegar a casa, y tras arreglarnos velozmente, emprendimos camino a nuestra fiesta de despedida. Habían organizado una cena y después música en un local del pueblo donde afianzamos algunas amistades más.


Día 5, 26 de Octubre


El último día fue más que triste. En el desayuno, todos se despedían de mí poco a poco, y me daban productos alemanes que traer a España: salchichas, cerveza, hasta un salami casero. Nos hicimos una deprimente foto de familia y fuimos hacía nuestro punto de encuentro diario, donde no hubo más que abrazos, lágrimas y promesas de volver a vernos.


 

 

 

Impresiones Andrea Burriel

Todo empezó en aquel acogedor vagón que se acercaba, aquella luz deslumbrante que asustaba a las vías acercándose directamente.
Esa primera reunión primaveral en la biblioteca del instituto, dos profesoras y una charla peculiar, ellas, iniciadoras de este estupendo proyecto convocaron la reunión en la que yo, alumna, por aquellos entonces de cuarto curso de E.S.O. sentía intriga, estaba convencida de que aquel pequeño pero a la vez gigante vagón tendría que soportar mi peso, y subirme sin miedo a él, una oportunidad única estaba a punto de sucederme.
Aquella reunión cambiaría la rutina, novedades, diversiones, variando un poco la rutina cuotidiana del instituto, deberes, estudios, y similar. Y sí, aquella reunión supuso un paréntesis en mi último año de los estudios de E.S.O.
Las dos profesoras, nos propusieron el participar en la acogida de alumnos extranjeros, el objetivo de este proyecto.
Desconocíamos lo ocurrido, pero fui lanzada y cabezota, algo me advertía  de implicarme en el proyecto y finalmente afirme con un ‘sí’ directo.
Pasaron las semanas y las informaciones iban apareciendo de forma espontánea, el proyecto estaba en marcha junto con más alumnos de nuestro centro convencidos al máximo de pasarlo bien, divertirse, conocer, típico verbo, pero el más apropiado para este vagón en el cual yo subí sin miedo hipnotizada por lo desconocido.
Respeto a mi familia, fui poco a poco explicándoles en que consistía el proyecto Comenius y que aportaba, no hubieron dudas, y finalmente surgió.
Me guiaron los profesores implicados de Comenius, solo tendría que alojarse un alumno en casa cinco días, para así poder juntarnos todos los participantes de distintos lugares del mundo, Alemania, Rumanía e Italia.
Se acercó abril, y  nosotros, los alumnos del proyecto de nuestro centro esperábamos intrigados y nerviosos el día de llegada de los alumnos europeos, reuniéndonos y matizando las distintas visitas y salidas que les íbamos a preparar con mucho gusto.

Recuerdo junto a mis compañeras estar en el aeropuerto esperando la llegada de las chicas alemanas que nos había tocado conocer y compartir esos cortos días todas juntas.
Esa semana se pasó rapidísima, fue divertida y el compartir y entender su lengua, llevarlas a muchos sitios valencianos, y explicarles detalladamente las costumbres españolas fue muy gracioso. También nuestro centro preparó actividades de todo tipo, desde un día de calor degustando la paella valenciana en nuestro patio, hasta una salida montañera a la Sierra de Espadan contemplando los paisajes naturales valencianos.
Todo surgió perfectamente, pero llego el día de regreso y marcharon de regreso a su país, pero con la esperanza y la sonrisa de volvernos a ver todos otra vez.

Ahora, ahora me encuentro en otoño, con esa tenue luz del sol de la tarde, y las hojas caídas por las calles de nuestra Valencia, esa humedad absorbida por la tierra, los árboles aliviados  y el olor que dejan las efímeras  gotas de la noche anterior.
Yo con ropa en las manos, maleta abierta encima de mi cama y con una espiga dentro de mi estomago que hace que se apoderen los nervios en mi cuerpo.
Ya estamos en el punto esperado, como fue de esperar viajamos a Alemania en un día.
A volver a estar con nuestras amigas, a ver aquella tierra, aquel lugar aquella forma de vivir.(21-10-2012)
Se acercó la hora, sonó el despertador, levante rápidamente de golpe, sabia que seria un bonito día, cansado pero inolvidable. Fuimos al instituto como un lunes de los de siempre y poco a poco pasaban las horas, y en la cabeza solo existía el nombre Alemania.
Fue un pesado viaje de aeropuertos, paradas divertidas, maletas, cansancio pero valió la pena.

Alemania, gris, frío, pero sus paisajes, su olor cambiaba todo.
Hicimos muchas cosas, días largos, fiestas, miles de anécdotas para recordar y no olvidar jamás, risas, abrazos. El llegar al aeropuerto de Paderborn ir decidida a por las maletas  y de repente, alzar la cabeza, una ancha sonrisa  se apodero de mi cara creando una curva de felicidad en mi rostro ver y sin parpadear, gritar, mis ojos se centraron en un único punto de ese aeropuerto,  eran ellas, se encontraban fuera del aeropuerto todas, un estupendo contraste de fondo negro de la noche, y ellas pegadas el cristal moviendo los largos brazos y sonriendo sin parar, levantando una pancarta de ‘bienvenidos’ eso me impacto muchísimo.
Si, un viaje estupendo, paisajes extraordinarios, casas acogedoras, naturaleza inexplicable, vegetación poderosa estrellas que caían del cielo invitándonos al cielo alemán, mezcladas con los árboles que atrapaban tus pupilas y enormes amistades.
Ese vagón fue ideal, me lance  a el y acerté al cien por cien.
Pasaron noches fías, trayectos en autobús, cariño mutuo, y regresamos a España, nuestro país. Nuestro cielo azul, nuestro sol, nuestra playa, nuestra construcción, el avión se apoderaba de todas las imágenes de regreso, lo habíamos pasado muy bien en aquel grande lugar. Cada vez que el avión avanzaba y se acercaba a Valencia recuerdos surgían en nuestras mentes.
No era consciente del cambio  en cuestión de horas, levantarme en Alemania desayunar escuchando de fondo la rápido con esa legua, respirar humedad, el cielo negro de la mañana y merendar en España, junto con mis amigas, respirar el aroma del mediterráneo, la luz del cielo y el sol jugando con el. Rarezas, esas extrañas rarezas que son difíciles de explicar, a veces no todo tiene una explicación, hay que vivirlo, saborearlo atraparlo, y no dejarlo pasar.
Finalmente aterrizamos en el aeropuerto de Manises, todas nuestras familias esperando nuestra llegada.
Viaje de locuras, compañeros risueños, galletas en la boca, hojas entre las manos, fotos perfectas, dormir rodeada de madera, profesores geniales, voluntad  de ver, de aprender, de pellizcar tu brazo y ser allí.
Gracias.

Andrea Burriel Hernández

 

Impresiones de un viaje a Alemania, por Carolina Baena.

Primer día: Viaje

 

Sentía ese cosquilleo en el estómago, ese tipo de cosquilleo provocado por la adrenalina, el ansia de llegar, los nervios, pero sobretodo la ilusión. Era la primera vez que viajaba de intercambio, y tenía ganas de llegar al lugar en el que pasaría una semana llena de nuevas experiencias, el lugar en el que pasaría una de las mejores semanas de mi vida. Teníamos ganas de continuar con la experiencia vivida previamente, una experiencia que sin querer se tuvo que acabar. Pero ahora era el momento de continuarla.

Al bajar del avión nos dejó de sobrar ropa. Pero la calurosa bienvenida de nuestras amigas, llena de carteles y corazones, nos hizo estabilizarnos. Al llegar a casa, el cansancio se apoderó de mí y apenas me dio tiempo a extreñar la cama. 

Segundo día: Visita a Brakel y Paderborn.

 

Sonó el despertador, había dormido poco más de tres horas, pero las incansables ganas de vivir me impidieron estar un segundo más en la cama. A las seis y media teníamos que salir de casa. Yo, como siempre, llegaba tarde. En Alemania perece que sean unas cien veces más puntuales que nosotros. Y al menos unas mil veces más puntuales que yo.

Desayuné rápido, cogimos el coche, luego el bus y llegamos al colegio. Nos dieron la bienvenida y nos enseñaron el colegio. El instituto era inmenso, tenía un monasterio, una capilla, colegio de primaria e instituto de secundaria. Después de la visita al instituto, fuimos a ver el ayuntamiento, donde nos esperaba el alcalde.Más tarde, al llegar al instituto disfrutamos de la obra de teatro interpretada por las alumnas alemanas para nosotros. 

Al acabar la obra, nos subimos a los coches, y las alumnas alemanas nos llevaron a todos los italianos y españoles a una feria en Paderborn, después fuimos al centro comercial. Al acabar las compras, fuimos a una bolera, donde cenamos y jugamos dos partidas de bolos. Creo que en la bolera fue donde más relación mantuvimos hasta el momento y donde mejor lo pasamos.

 

Tercer día: Visita a Munster y charla entre cocktails.

 

Por la mañana visitamos los viveros de Munster, a unas tres horas en autocar desde Brakel. Los viveros eran inmensos, y la variedad de plantas abundaba. No sé si será porque realmente allí, al ser todo más verde y más lleno de naturaleza, los viveros los veíamos incluso mágicos, o si fue porque nunca habíamos visto esas especies de plantas y árboles tan grandes. La ciudad era preciosa.

Al volver a Brakel, visitamos un bar de cocktails y cenamos allí, donde pudimos mantener largas charlas con los alumnos rumanos, italianos y alemanes.

 Cuarto día: bajo el cielo de los árboles.

 

El cuarto día fuimos todos los alumnos de intercambio excepto los alumnos alemanes a el bosque.

El bosque que visitamos es uno de los lugares más maravillosos que he visto en mi vida. El suelo era de mil colores, los árboles parecía que podían hablar. Lloraban colores. A penas podía ver el cielo, pero podía ver las copas de los árboles, árboles gigantes, llenos de vida. Mi cabeza se movía de un lado para otro, creía que era muy poco tiempo para poder ver tantas cosas en cada rincón de la naturaleza.

El último día fue el único que comí en casa de Meret, comí pasta. Pasé la tarde jugando con Laura, la alumna italiana, Meret, su hermana pequeña y yo. Antes de cenar nos arreglamos, y a las seis y media cenamos y fuimos de fiesta. Nos habían alquilado un local para celebrar la fiesta, estuvimos bailando toda la noche. Lo pasamos genial, no dejamos de reír en ningún momento.

 

Último día: Regreso a España.

 

En este viaje he aprendido incalculables cosas, formas de vivir, diferentes concepciones de entender la vida. En este viaje no sólo he respirado aire puro, sino también alegría, sentimientos y tristeza. Nunca olvidaré este viaje, ni a las personas que he conocido allí.

 

 

 

Impresiones del viaje Delia García

Primer día: la llegada

Tras aterrizar el avión una mezcla de sensaciones positivas entrelazadas con el cansancio típico de cualquier día a aquellas horas, sumadas a las horas de vuelo, donde no pudimos dormir por los nervios.

Sólo quería coger mi maleta y darles los besos y abrazos tan expresivos de un reencuentro, pero siempre menos que los de una despedida.

Me vi envuelta en el calor de la casa contrastado con el frío del exterior, el edredón, el tic-tac de aquel reloj y pocas horas por dormir. Así que con pocas palabras ya que nos encontrábamos semidormidas, nos vimos envueltas en un cálido sueño.

Segundo día: visita a Brakel

 Tal vez el sueño y el frío de esa mañana, no fueron lo más indicado, pero aquello no me impidió disfrutar del paisaje, de su gente, de sus diferencias culturales y las peculiaridades de aquel entorno tan nuevo para mí. 

Nos vimos envueltos en naturaleza y aire puro, entre casas blancas con pilares de madera y bicicletas, muchas bicicletas. Tras unas presentaciones en el instituto, donde se nos permitió conocernos, poco a poco fuimos hablando y formando el principio de nuestra convivencia.

Los alemanes, representaron la obra en español de La caperucita roja, su particular versión, con un aire cómico con la que disfrutamos mucho.

Esa misma tarde, nos llevaron a una feria en Paderborn, nada más allá que cualquier feria que ya hubiésemos visto, pero disfrutamos con la comida. Más tarde, nos dejaron hacer algunas compras por el centro comercial y al empezar a anochecer acudimos a una bolera. Y entre risas y bolas pesadas y bolos caídos, cenamos pizza y tomamos algún refresco, mientras entablábamos conversación, nos íbamos conociendo y observábamos como compartíamos algún gusto y afición contándonos diferentes experiencias.

Cansancio no nos faltó durante el día, pero nos podían las ganas de descubrir y conocer.

 

Tercer día: visita a Munster 

Tras unas horas de viaje, llegamos a los viveros de Munster. La naturaleza en cada esquina, la mezcla de rocas con tanta variedad en la vegetación, aquellos colores tan intensos y aquellos tamaños tan variados, nos hicieron sumergirnos en la observación y fascinación del lugar.

Tras la corta visita por estos, emprendimos una visita por toda la ciudad. Esta visita era guida, por un joven español con un aspecto bohemio que nos sumergió en el encanto de la ciudad llenándonos de ‘’aventurillas’’ pasadas. 


Después, nos perdimos en un ‘’mercadillo’’ que se encontraba en la plaza central, bastante diferente a los que podemos encontrar en Valencia en cuanto a productos. Allí comimos algo de comida rápida, para así no perder tiempo, ya que nos dejaban un rato para ver algunas tiendas de las zonas.

Al volver a Brakel, ya de noche, tras un largo viaje de vuelta dónde aprovechamos para dormir todo lo que no lo hacíamos durante la noche, fuimos a un bar de cocktails.

 

 Cuarto día: el bosque 

El cuarto día, junto al resto de alumnos del intercambio  fuimos a visitar un gran bosque de la zona, con un recorrido guiado. 

Aquel lugar, nos impresionó a todos. Nos impresionó tanta naturaleza concentrada en un punto, tanta vida en un lugar, envolvernos en aquel mundo tan mágico para nosotros. Árboles altos, muy altos que apenas nos dejaban ver el cielo, a penas veíamos nubes, ni sol. Árboles caídos, árboles caídos en los que habían crecido plantas de todo tipo o simplemente se llenaban de hojas caídas de cualquier otro árbol que estuviese al sobre de este. Árboles caídos que escondían diferentes historias, quien sabe si por arte de vandalismo o por la fuerza del agua o el viento en algún pasado temporal.  Aquel contraste de colores nos hizo sumergirnos en ese particular mundo. Setas que cautivaron nuestra atención, rojas y blancas, de todos los tamaños y formas, aisladas o unidas por un solo tronco cortado, entremezclándose unas especies con otras, más o menos venenosas, eso qué más da, si eran dulces a nuestros ojos. Donde parecían que no existiera ni el tiempo, ni la contaminación, ni el estrés al que nos sometemos día a día. Se convirtió en un punto de evasión y disfrute.  La vida de cada centímetro de este, los caminos cubiertos por hojas, la gente de la que nos rodeábamos  y ese ambiente tan particular con olor a puro que se respiraba, hizo de ese paisaje, ese momento, esa imagen, un instante inolvidable por la mezcla de sensaciones llenas de felicidad que pudimos sentir al observar.

Nuestros cinco sentidos agudizaban en cada rincón observado, pero aquel esfuerzo por no perdernos ni un solo detalle de cada momento, de cada hoja que perecía querer esconderse, resultó absurdo. Demasiada belleza natural, demasiada naturaleza bella para captarla en tan solo unas horas, unos minutos, o unos pocos segundos.

Trasvolver a Brakel, llegó la noche, donde acudimos a una fiesta. Trajeron unas pizzas, algo de bebida, altavoces y alquilaron un local en un pueblo cercano. Desde Ramnstein, Bon Jovi, Gangan Style, Dnza Cuduro o La Macarena. La verdad que lo pasamos muy bien, fue uno de los mejores momentos del viaje, actuabámos como si todos fuésemos amigos desde hace un tiempo. Muy pronto para nosotros, pero tarde para los alemanes, volvimos a casa

Quinto día: el regreso

Este fue nuestro peor día, ya que nada más despertarnos, tuvimos que acudir al instituto sólo para coger el autobús que nos llevaría al aeropuerto. Tras una corta despedida, pero muy cercana, triste como todas, llena de abrazos y alguna lágrima, empapados de experiencias pero con ansias de más. Un camino en el autobús lleno de nostalgia, plegado de recuerdos que recorrieran mi cabeza a la vez que observaba el paisaje.

 

 

 

 

 

 

 

Bosque de Meerhof: un bosque lleno de color

 Pese a ser un día gris el bosque de Meerhof, en otoño, estaba lleno de color. En esta imagen podemos apreciarlo mejor.

Un flash de la movilidad III

Resumen visual de la movilidad III

 

Movilidad a Brakel

 El segundo año de la Asociación está viviendo en estos días su tercera experiencia de movilidad:

más de treinta estudiantes y una decena de profesores están trabajando, compartiendo experiencias y aprendiendo los unos de los otros en el marco de la encantadora ciudad de Brakel.

Estamos seguros de que esta nueva experiencia nos enriquecerá a todos y nos ayudará a profundizar aún más en este espíritu europeo que es el lema de nuestra asociación.

¡Esperamos pronto los comentarios de los participantes!

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 En esta estancia en Brakel hemos presentado el CAPÍTULO BOSQUE DE PIEDRAS II referido a la Movilidad II en  VALENCIA

 

 

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